viernes, 22 de noviembre de 2013

Concepto de republicanismo.



Un ciudadano tiene derechos. Entre otros tiene derecho a pensar de la forma que mejor gobierne sus intereses.
Puede optar. Puede elegir.
Si es socialista, neoliberal, socialdemócrata o apartidario, podría ser republicano.
Todas las personas somos iguales ante la ley, y ese uno de los principios mas caros del ser republicano. 
La separación de los poderes del  Estado y la no intromisión de unos sobre los otros es tanbién un  principio republicano de fuste.
En una monarquía esto no sucede. En un régimen totalitario tampoco. Podemos hasta encontrar democracias que no son republicanas.
Cuando la organización del Estado  tiene en cuenta la diversidad de sus habitantes, y se muestra neutral ante sus diferencias; particularmente, en el caso de la diversidad de creencias, estamos ante una práctica republicana.  A este respecto  personalmente elijo un Estado laico que respete la libertad de conciencia, incluida la de aquellos que creen en dios y los que no creen en la existencia de ningún dios, como es mi caso. 
Y esto resulta imposible cuando se mantiene un derecho sucesorio basado en la consanguineidad, derecho que sólo se comprende y sustenta al contemplar la intervención divina. 
La monarquía se basa en la idea que una sola familia ha sido elegida por dios para guiar a su pueblo, y que dicha elección es, por tanto, sagrada. 
No obstante ello a lo largo de la historia la familia elegida ha ido cambiando a través de intervenciones plenamente humanas, como las guerras; pero, en origen, esa categoría de “elegidos” es la única que justifica que ellos puedan acceder a dirigir los designios de todo un pueblo. 
Es por eso que monarquía y religión están íntimamente unidas.
Por supuesto que también hay curas republicanos.
Esto se debe, según mi concepto, cuando el hombre y su sensibilidad están por encima de la divinidad, sea esta del sigo que fuese.
También podemos encontrar democracias en donde la República es una palabra en un escudo.
Serán en definitiva los pueblos los que luchen por  conquistar los derechos republicanos tan necesarios para la convivencia en sociedad.
Otro principio que hace a la República es el  respeto a la autonomía de las personas y a la autodeterminación de los pueblos. 
Las personas que de manera individual y en los grupos en que deciden organizarse tienen derecho a gobernar su vida personal y social como consideren y decidan. Por eso, entiendo que la democracia participativa es el sistema de gobierno que más respeta este principio, pues en ella no sólo los cargos, sino también las decisiones que estos tomen, están abiertos a la población. 
Para que esto tenga lugar, los ciudadanos deben poder ostentar un poder del que evidentemente carecen en una monarquía.  
Como dijera Artigas,  “…mi autoridad cesa ante vuestra presencia soberana…”
Eso es verdadera soberanía popular.

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